CD Projekt, no cambies nunca

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La piratería es un tema peliagudo. Su naturaleza siempre invita al debate y no hay una respuesta tan simple como puede parecer a simple vista. No es lo mismo que robar un producto en una tienda (ya que hablamos de copiar ese artículo), pero tampoco es de recibo hablar de un acto inofensivo. Hay que pagar, de una u otra forma, a los creadores de un producto, y eso es así. Cuando no lo hacemos, y ni siquiera tenemos la capacidad de beneficiar de alguna forma al desarrollador y, claro que sí, al distribuidor del producto (aunque se trate de una plataforma online), estamos disfrutando de manera gratuita de algo que tiene un valor. Pero no estoy aquí para debatir sobre el tema, que además ya cubrió el compañero Kitsu en un interesantísimo artículo. A lo largo de los años y las generaciones, las compañías han tratado de proteger su propiedad intelectual a través de sistemas anti-copia cada vez más complejos, desde la comparación de sectores de memoria para distinguir el original de la versión pirata, hasta el famoso y temido Denuvo y el DRM en general. La obligatoriedad de estar siempre conectado a internet para jugar a ciertos títulos es una realidad bien asentada en el sector y no parece que haya marcha atrás. Prácticamente todo está conectado a la red de redes, incluidas las personas, y parece no haber demasiado sitio para el antiguo modus operandi de las compañías, máxime en terreno AAA. ¿O acaso sí? CD Projekt, creadores de la excepcional saga The Witcher y del futuro Cyberpunk 2077, decidieron hace mucho bajarse del barco y seguir su camino en un botecito de remos.

La caza del conejo común se le queda pequeña al muchacho

Botecito que, con su última y más reconocida incursión del brujo Geralt de Rivia, le ha permitido a CD Projekt colocar más de 10 millones de unidades del juego en todo el mundo. Eso dice mucho del barquito, pero más aún de la gente que va a bordo. Porque su loca ocurrencia de desproteger su gallina de los huevos de oro y sacarla a la venta a través de un servicio libre de DRM como es GOG, es echarle un par de lo anterior, pero no de oro. Un juego que se muestra en sociedad a puerta cerrada, como el más grande de los grandes; que pone en pie a los espectadores con cada tráiler, evento por evento, y que, en definitiva, “lo peta” allá donde va. Ese titán del videojuego se revuelve y dice no a Denuvo. Dice no a cualquier DRM, como lo dijo a partir de la versión 1.5 de su primer The Witcher, escuchando a los jugadores con las orejas bien abiertas. Dice no a un absurdo e intrusivo sistema antipiratería y manda al diablo la conexión permanente. Dice sí a confiar en los jugadores, en sus seguidores, en el videojuego como forma de expresión y producto de entretenimiento en estado puro; con la calidad por bandera. Dice sí donde sus competidores dicen no.

CD PROJEKT

La razón de su éxito es simple. Es cuestión de tratar a los jugadores con respeto, sin llamarlos (llamarnos) ladrones de antemano y poniendo todo ese esfuerzo que, juego tras juego, generación tras generación, ha acabado siendo pasto de un simple crack, en crear una obra sobresaliente a todos los niveles. The Witcher 1 era una rareza, no exenta de problemas, que cometió la locura de volcarse en algo tan complicado y exigente como el guión y el no-tan-común-por-entonces sistema de toma de decisiones por parte del jugador. Y hablamos prácticamente de un equipo de novatos, en comparación con lo que serían más tarde. The Witcher 2 refinaba todo y ponía un muro de contención entre las consolas y el PC. Arriba del todo, como objetivo: la versión de compatibles; sin andarse con miramientos y apuntando a las configuraciones más bestias del momento; luego ya vendrían las adaptaciones. Aún contaba con un sistema de juego al que había que coger el tranquillo, pero el resultado era sensacional en líneas generales, y la historia brillaba como pocas en el género.

Geralt a punto de hacer un comentario a los vecinosPero The Witcher 3 es de otro planeta. Se atrevió a coger algo tan peligroso como un mundo abierto y decidió incluirlo en una saga que había hecho un gran trabajo sin recurrir a él. Lo que para otras desarrolladoras es un sistema escogido por la inercia del sector, para CD Project es solo un ingrediente más dentro de su bálsamo mágico. Un cambio determinante, sí, pero como todo lo que hace esta gente, tratado con respeto e inteligencia. The Witcher 3 ha sido juego del año en infinitas publicaciones, por méritos propios, y ha vendido mucho, mucho. ¿Se ha pirateado? Por supuesto. Pero ya están otra vez embarcados (ya sabéis, en su pequeño bote) en un proyecto aún más grande, más abierto, más complejo y más exigente para ellos. No se van a la taberna tras pisar tierra firme. No se construyen un palacete de oro donde descansar sus agotados cerebros de genio mientras lanzan ataques en internet a los que descargan el juego de un enlace que flota impunemente en internet. Se ponen a hacer algo enorme y, por si fuera poco, sin contar con el seguro económico de su juego estrella. Siempre aspiran a más.

¿Ciencia ficción futurista de CD Projekt? ¡Deme 10!Cyberpunk 2077 tiene todas las cartas para convertirse en un exitazo. No veo el momento de hacerme con él y disfrutarlo donde y cuando me dé la gana, y no cuando una granja de servidores me lo permita. CD Projekt, me quito el sombrero. Sois videojuego puro, tal y como debería ser.

Jugones, recordad que ya podéis adquirir la expansión (palabra casi en desuso) Blood and Wine de The Witcher 3, que añade una treintena de horas a la aventura original, con todo lo que esto supone. Ya estáis tardando. Os dejo con su correspondiente trailer, para poneros los dientes largos.

https://www.youtube.com/watch?v=e9awy3eKWKU

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