La Saga Metal Gear – Cap. 7: El final del principio (MGSV:GZ/TPP)

Pocas veces un videojuego creó tanta polémica, tantos amores, tantos odios. Hoy echamos la vista atrás en busca de uno de los mayores referentes de la industria, un videojuego pionero, revolucionario, demasiado peliculero para muchos, inolvidablemente épico para otros tantos. Una experiencia jugable, visual, sonora y emotiva que si consigue entrar dentro de ti, se convertirá en uno de esos juegos que te provocarán un empacho de nostalgia difícil de superar. Y si ya lo tienes dentro, la espiral de emociones empezará a dar tumbos en tu estómago con la música que te dejo a continuación.

Tanto que hasta para un servidor es difícil mantener el tipo y la objetividad, se hará lo que se pueda. Hoy dedicamos este ‘Cuarto y mitad de nostalgia’ a la mítica saga: Metal Gear.

Nota del autor: Dispones de dos formas para disfrutar del capítulo, continuando leyendo este artículo o con la versión narrada de Youtube que dejamos a continuación.

https://www.youtube.com/watch?v=3v3tHli_zbc

Y llegamos al final, al final del principio. Casi tres décadas han pasado desde que el genio Hideo Kojima concibió una saga diferente, única. Una que le elevaría a lo más alto y que conseguiría amores y odios, fans y detractores. Todo a partes iguales, pero jamás indiferencia.

The Phantom Pain, nos mantuvo en vilo durante varios años con cada nuevo trailer o imagen que salía. Cada escena era más espectacular que la anterior. Parecía que había llegado el Metal Gear definitivo, uno en el que la infiltración alcanzaría las cotas más altas en toda la saga y en el que la historia cerraría todos los huecos y preguntas creadas a lo largo de casi 30 años. Y ahora, un par de meses después de haberme pasado el juego al 100%, a un servidor aun le queda una sensación extraña al acordarme de él.

https://www.youtube.com/watch?v=iCQDGapRY-o

Por un lado me encontré con la mejor experiencia de infiltración en toda la saga. Sí, tiene sus defectos, como cuando un enemigo te está viendo a plena luz del día, en el desierto, y a apenas a 15 metros de ti saca la linterna cual miope buscando su lentilla perdida. Pero en líneas generales, la experiencia de perderte en su enorme mundo, de infiltrarte en los puestos de avanzada enemigos, de usar infinidad de técnicas, objetos y compañeros para lograrlo, de hacerte sentir que estás en el Metal Gear del futuro, ese que soñabas cuando eras un niño y Snake no era más que un puñado de polígonos, lo convierte para mi, en el mejor Metal Gear Solid de toda la saga.

Y por otro lado: la historia. Esa seña de identidad de todo Metal Gear. Bien-acostumbrados a cinemáticas eternas y a historias profundas y enrevesadas, la historia de The Phantom Pain le deja a uno con la sensación casi de estar jugando a la beta del juego. No sé si fue Konami, Kojima, o la mezcla de ambos egos la culpable de semejante desastre. Pero es como si la sagrada familia de Barcelona fuera terminada con un simple muro de ladrillos. Tantísimos años elaborando un universo así no se merecían un final tan tosco y, sobre todo, una narrativa tan plana e insulsa.

historia de the phantom pain

En The Phantom Pain volvemos a encarnar a Big Boss, o al menos a su fantasma, que lleva nueve años en coma después de casi morir tras los incidentes de Ground Zeroes. Metralla por todo el cuerpo, una mano amputada, nueve años de tu vida perdidos y un mundo que camina irremediablemente hacia el control absoluto por parte Cipher. No es un gran despertar después de nueve años de siesta.

A partir de ahí, comienza la reconstrucción de la Mother Base, de Outer Heaven, pero esta vez con la venganza y el rencor hacia Skull Face como combustible principal. Se acabó ese Snake casi demasiado inocente para todo lo que había vivido. En cierto modo sigue conservando su ética, pero mucho más distorsionada. Ahora la línea que divide lo correcto de lo que no lo es es mucho más difusa.

Vuelven personajes de juegos pasados y futuros. El omnipresente Revolver Ocelot nos demostrará como, a pesar de todo lo visto con anterioridad, es el personaje más noble y fiel a sus ideales de toda la saga, a los ideales de su madre, a los ideales de The Boss. Miller, sin embargo, adopta el papel con el que siempre hemos asociado a Ocelot: Oscuro, manipulador y, en cierto modo, hasta traidor.

Tenemos la esperadísima aparición de un joven Liquid, que resulta muy prometedora al principio y que al final se queda como el resto, a medio contar, y con una misión 51 que inundó internet de caras incrédulas al ver lo que se había dejado fuera del producto final. Eso demostró, por si quedaba alguna duda, que este juego no está ni de cerca terminado.

También regresa el padre de Otacon, que tiene suerte de apenas haberle conocido. Es sin duda el personaje más odioso de toda la saga. Se puede ser malo, pero con clase. El doctor Emmerich es malvado y cobarde a partes iguales, manipulador, hipócrita y asesino, sin remordimientos por supuesto, con la traición como hobbie favorito y la supervivencia como único objetivo al que es fiel y leal. Una joyita que continúa vivo por un ataque de ética de nuestro médico favorito.

A esos viejos conocidos hay que sumarles la incorporación del secundario más importante: Quiet. Una francotiradora que recuerda descaradamente a Sniper Wolf y que pasa de intentar asesinar a Snake, a enamorarse de él y a terminar salvándole a él y a el resto del mundo de la cepa de bacterias de la que era portadora y que mataría a cualquier ser humano que hablara inglés.

historia de the phantom pain

Y son esas bacterias la base de historia principal de The Phantom Pain. O bueno, quizás sea Sahelantropus, un Metal Gear descomunal fabricado por Emmerich y puesto en pie por el poder de un Psycho Mantis aun niño. O quizás son los niños soldado lo importante, o los planes de Cipher, o cuando Liquid se hace con la cepa de bacterias del inglés, con el Metal Gear, se lleva el 2×1 y luego.. No esperad, luego no pasa nada con esa trama. Misión 51, se me olvidaba.

Y es que en realidad toda la historia de este juego es una enorme fachada. Como venía diciendo, el protagonista no es Big Boss, es el médico que nos acompañaba en el helicóptero durante la destrucción de la Mother Base original. Durante los años de coma, y mediante terapia psicológica, fuiste convencido de ser el verdadero Snake. Eso, junto con una reconstrucción facial, le servirá al Big Boss original para urdir sus verdaderos planes sin que nadie le moleste. La verdadera Outer Heaven, la que vemos en los juegos de MSX, la nación fortaleza. No una simple base en mitad del mar. Ese es el verdadero objetivo del juego y la verdadera fuerza de la historia.

El problema es que todo sucede de carrerilla, casi sin darte cuenta. 50 misiones principales en donde casi la mitad son refritos de las anteriores y donde cada nuevo hilo argumental que se abre, es cerrado bruscamente, olvidado, o conectado sin mucho sentido con el siguiente. Cuesta creer que alguien tan obsesionado con el cine como Kojima se haya quedado contento con el resultado. Es casi como un boceto de la Mona Lisa o un diamante sin pulir. Una obra de arte a medio terminar.

Y es que las premisas en las que se basa la historia son realmente buenas. Y creo que debemos quedarnos con la primera misión, con casi una hora de cinemáticas, para ver realmente lo que pretendía Kojima con el resto del juego. Con eso, y con que a pesar de todo, es un videojuego con mayúsculas que, si bien no cuenta con la cantidad y calidad de cinemáticas que se le presuponen a la saga, si que cuenta con un sistema de juego espectacular y único, con infinidad de cintas que ayudan a darle la profundidad a la historia de la que nos priva el juego base y con una banda sonora que se ha convertido en un clásico antes incluso de la salida del juego.

Pero no todo es negativo en las cinemáticas. Siendo totalmente honestos, TPP nos ha dado algunas de las escenas más crudas, épicas y emocionales de toda la saga. Tener que ponerte en frente de tus propios soldados, enfermos, saludando y pidiéndote que acabes con su vida es algo que te afecta aun siendo consciente de que lo único que estás haciendo es pulsar un botón de un mando.

O la escena en donde te encuentras con los experimentos de las bacterias de las cuerdas vocales, que consigue hacerte sentir verdadera lástima. La venganza contra Skull Face, en la que el rencor y el placer de dispararle se extiende más allá de Snake y Miller. O la maravillosa escena con Quiet jugando bajo la lluvia, un oasis de humanidad que contiene un gran mensaje, sin ni siquiera pronunciarse una sola palabra. Y esos pequeños guiños a otros juegos que nunca pueden faltar en Metal Gear.

Todas estos aspectos positivos serán los que realmente se recuerden con el paso de los años. Los que harán que se considere a de TPP como lo que es, un grandísimo juego, y un enorme Metal Gear, en el que ni siquiera la mancha de la narrativa hace sombra a la increíble jugabilidad que nos ha regalado el equipo de Kojima.

Un gran punto y seguido para la saga más elaborada de la historia. Y digo punto y seguido porque, si bien la situación de Kojima en Konami es difícil de calificar, la historia nos ha enseñado que Hideo no es capaz de vivir sin Metal Gear, le guste o no. Y su equipo no es capaz de hacerlo sin él. Yo apuesto por la continuación de Metal Gear Solid. El marco histórico, la plataforma y el año de salida son difíciles de predecir, pero esta saga no morirá mientras siga teniendo millones de fans alrededor de todo el mundo pidiendo a gritos más de su droga favorita.

historia de the phantom pain

Esto es Metal Gear y cualquier parecido entre el el final de la historia y el principio, es pura coincidencia. Y este es nuestro pequeño homenaje a la saga que esperamos hayas disfrutado tanto como nosotros haciéndolo.

Pero no podemos irnos sin hablar de otros dos genios: Tappy IwaseHarry Gregson-Williams. El primero es el compositor de la banda sonora de Metal Gear Solid, incluido su tema principal y exceptuando el ending, The Best is Yet to Come. El segundo es el responsable de las bandas sonoras de toda la saga desde Metal Gear Solid 2, casi nada.

 

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