[Opinión] Ni-Oh me ha enamorado por completo

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Esta historia comienza años atrás. Llegaba a casa después de un día atareado haciendo cosas…no tan atareadas. Cené, me puse el pijama y encendí la Playstation 3 para continuar y finiquitar el primer Dark Souls. Esa noche de invierno fue muy especial, bajaba unas escaleras para llegar al «Horno de la Primera Llama», un lugar olvidado en el tiempo y la decadencia para enfrentarme a Gwyn, Señor de la cenizas. Fue una experiencia única y comprendí que Dark Souls… no, Hidetaka Miyazaki, su director, tenía algo especial. Había nacido para ser una de esas mentes japonesas capaces de hacer una Obra Maestra de los videojuegos, en mayúsculas y sin epidural. Dark Souls no es un juego perfecto, tiene muchos fallos de rendimiento, gráficamente ha quedado muy desfasado y tiene aspectos que deberían haberse pulido incluso en su época, pero lo que atrae del título desarrollado por From Software era la satisfacción: avanzar en el juego; derrotar a los enemigos que nos encontramos; el sistema de backtraking que tiene; la banda sonora, llena de magia y profundidad gracias a Motoi Sakuraba. En definitiva y como ya hizo en su momento Ocarina of Time o Final Fantasy VII por poner un ejemplo, Dark Souls hizo historia en la industria de los videojuegos.

Pasaron los años y jugué a Bloodborne en Playstation 4 y sentí exactamente la misma sensación de satisfacción que me dio Dark Souls. Estaba disfrutando del juego y de su ambientación, bendita ambientación. La dificultad Bloodborne tambaleaba mucho y sufría, en algunos momentos, bajones de frames pero estaba delante de uno de los mejores juegos de la actual generación. No todo era alegría en mi vida videojueguil, pues también vi experimentos «del mismo género» que los nombrados, con una calidad -en general- bastante regulera, como Lords of the fallen. Entonces, llega 2017 y por casualidad del destino, una grandísima compañera y amiga mía, me dejó la última obra del Team Ninja y después de varios meses de finalizarlo y de recuperar las fuerzas para escribir, lo digo con total confianza. Ni-Oh sigue la fórmula de los Souls pero de una forma más encantadora, cuidada y cautivadora. Me atrevo a decir que Ni-Oh es una joya.

No es un aspecto negativo, pero Ni-Oh no tiene una trama que revolucione a la industria, pero si en algo destaca es que está cargada de personajes conocidos y que existieron en la vida real. Inicialmente, por mera curiosidad para vosotros, Ni-Oh iba a estar basado en un guión del mítico director Akira Kurosawa. Nos metemos en la piel del marinero William Adams en la búsqueda de un hombre llamado Edward Kelly que quiere apoderarse de la Amrita, una especie de magia o poder. William llegará al Japón de la era Sengoku y combatirá contra hordas de bandidos, fantasmas (Yokais) o incluso figuras históricas de la era nipona como Ieyasu Tokugawa o el mítico Mitsunari Ishida.

Un gran punto a destacar es la jugabilidad. La base es parecida a los Dark Souls, pero con diferentes aspectos. William tendrá un arsenal de 6 tipos de armas: Katanas, katanas dobles, martillos, hachas, lanzas y kusarigama. También tendremos como arma secundaria un arco, un arma de fuego o un cañón. La gracia de Ni-Oh es que, independientemente de tu arma, William -en pleno combate- podrá cambiar el manejo y su postura. Hay 3 tipos, la postura alta para ataques lentos pero duros, postura media para golpear con equilibrio y postura baja con golpes rápidos y una defensa eficaz. Además, tendremos una serie de objetos y equipos que podremos usar bajo nuestra responsabilidad como talismanes elementales, pociones o piedras para atraer a los enemigos.

Gráficamente Ni-Oh tiene un trabajo notable. Tanto los personajes secundarios como los bosses tienen detalles, mecánicas y animaciones muy conseguidas. El juego goza de dos modos de juego. Uno enfocado a la acción (más frames y menos resolución) y uno enfocado a las escenas (30 fps estables y más resolución). La banda sonora tiene temas que parecen sacados del folklore japonés y que engrandece lo que NiOh quiere mostrar, un juego con un encanto único.

https://www.youtube.com/watch?v=AsCXUuQcEc8

A estas alturas del año, creo que cada uno de los lectores o redactores tenemos varios candidatos al juego del año. Muchos pensarán al instante en Breath of the wild como candidato favorito. Otros miran al presente con Mario Odissey y yo, sin tenerlo muy claro, veo varios títulos que considero que merecen el halago y esa categoría. NieR Automata, Horizon: Zero Dawn o Hellblade son uno de los ejemplos y a pesar de que me falta por terminar títulos comos Persona 5, Night in the woods o el nombrado con anterioridad Breat of the wild, creo que Ni-Oh forma parte de esa lista y parte siendo mi candidato favorito.

Cuando en Dark Souls derrotas a Gwyn, te da la sensación de que realmente has hecho algo en este mundo, has dado tu mayor esfuerzo y has ganado. He sentido exactamente lo mismo con NiOh, el salvar Japón, la inglaterra de William y el mundo. Con Ni-Oh siento que he disfrutado de cada jefe que me he encontrado, con cada escena, cuando veía que «mi» William conseguía equipo y podía hacer frente a figuras feroces. Creo que estamos de enhorabuena; 2017 ha sido un gran año para los videojuegos y en lo personal, Ni-Oh me ha enamorado igual o más que el eterno rival, Dark Souls y eso no lo ha conseguido ningún juego.

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