Piratería de 8 bit: clásicos del 99999 en 1

¡también somos tienda de videojuegos y accesorios retro! mira 👇👇

¡Oferta!
11,08$
¡Oferta!
¡Oferta!
¡Oferta!
¡Oferta!
¡Oferta!

Reconócelo. Tú también has tenido uno de estos cartuchos que aseguraban guardar en su interior chorrocientos mil juegos, en una muestra flagrante de piratería, allá en los tiempos de los 8 bit. Magia pura, de acuerdo a la vistosa pegatina (que, muchas veces, ocultaba una segunda pegatina en perfecto chino, si es que se habían tomado la molestia de occidentalizar la primera), donde se mostraba la astronómica cifra que hacía que nuestros padres se plantearan no volver a regalarnos nada en años, habida cuenta del espectacular obsequio que nos brindaban en el cumpleaños de turno. El vendedor ofrecía semejante joya en su clásico bazar, con el escaparate plagado de walkmans, relojes cutres, despertadores, maquinitas (consolitas tipo Game&Watch de Nintendo, con esos entrañables graficazos de calculadora científica) y, por supuesto, videojuegos. Nosotros, dispuestos a pasar las próximas 87 horas de nuestra existencia sin dormir, adheridos a nuestra querida NES o Game Boy (las dos grandes “beneficiadas” del asunto), contemplábamos el artefacto por primera vez, ajenos al batacazo que nos íbamos a llevar en breve. Por cierto, ¿NES o NASA? Ya sabéis por dónde voy, pillines.

Os garantizo que los mandos iban perfectamente... ¡Bazinga!Ya fuera con uno de estos cartuchos insertados en la consola o simplemente encendiendo la máquina clónica en cuestión, se nos mostraba un imponente menú que precedía a la funesta realidad: aquel batiburrillo de títulos listados correspondía, en realidad, a un número ínfimo de ellos y la repetición posterior de los mismos, con originales y hasta divertidas variaciones en el nombre (donde estén los Super Mushroom Bros que se quiten Mario y Luigi). Normalmente, estas vueltas de tuerca correspondían a pequeños hacks gráficos, acceso directo a los distintos niveles del título o versiones completamente trucadas, por poner algunos ejemplos. Es cierto que algunos de estos cartuchos abandonaban cautelarmente su condición de 99999 en 1 para mostrar un número muy inferior (y más realista) de títulos y de mayor calidad (o, cuanto menos, más modernos), pero no estaban exentos de problemas cuando éstos albergaban funciones especiales como la capacidad de guardar partida. Debido a las limitaciones de memoria, podíamos arruinar fácilmente todo el progreso en un juego simplemente cargando otro por error. Mención especial, también, para esos casos algo más inusuales, en cuyas colecciones podíamos encontrar adaptaciones homebrew de títulos exclusivos de otros sistemas (Donkey Kong Country para NES existe).

Pero, por lo general, lo que encontrábamos en la lista era un compendio de clásicos que todos recordamos, seguramente más por culpa de estos mismos artículos de origen dudoso que por el éxito comercial de los mismos. Estoy seguro de que reconoceréis la gran mayoría, tanto si sois ávidos jugadores como si aprovechabais una visita a casa de los primos para echar unas partidas a su idolatrada máquina del vicio. He aquí algunos de los más habituales.

En el terreno de la NES (la clásica de 8 bit de Nintendo), el juego a presidir la lista está claro: Super Mario Bros; clásico atemporal, plataformas que redefinió el género y, posiblemente, el juego más trascendente de la historia. Un antes y un después en este mundillo y un ejemplo a seguir. Lo encontrábamos de mil maneras, cambiando colores, gráficos, orden de los niveles, etc., pero el original, que normalmente ocupaba la primera posición del listado, era y sigue siendo canela fina.

Este va a traer recuerdos a muchos, no por ser ninguna obra maestra, sino porque… vamos, ¿quién no ha jugado a Battle City? El juego de los tanques, con su fantástico editor incorporado, que nos permitía hacer gamberradas como proteger nuestra base con acero impenetrable y liarnos a disparar desde un agujero ínfimo a los enemigos, en calidad de héroes.

https://www.youtube.com/watch?v=ovRanSrw5Xs

Lode Runner, curiosamente, no parece ser tan común como el anterior, pero yo tuve la suerte de encontrármelo en repetidas ocasiones, tanto para NES como en Game Boy. Difícil con ganas, su adictivo planteamiento y su dificultad le aseguraban una plaza en la ROM.

Excitebike: clasicazo de carreras para NES. No podía faltar, por méritos propios. Nunca he tenido el cartucho original en mis manos, desgraciadamente, pero jugarlo, ¡vaya si lo he jugado!

Side Pocket es el clásico consolero de billar por excelencia. Había que cogerle el truco porque las físicas no es que fueran demoledoras, pero si te interesa mínimamente este deporte de precisión, te divertirá, seguro.

https://www.youtube.com/watch?v=C2cXYlUsoig

Su único rival sobre la pista era este bizarro y ciertamente original Lunar Ball. Mesas extrañas, físicas un tanto flotantes para las bolas y una calidad general bastante irregular, pero con cierto encanto. Total, jugábamos a lo que teníamos, así que mis buenas horas me habré pasado tratando de hacer carambolas en esta rareza de 8 bit.

Tanto si se trata de Galaxian o de Galaga, hablamos igualmente de dos exitazos de Namco que no necesitan presentación. Si la necesitan, es que eres lo bastante joven como para despertarme cierta envidia. Aun así, date una vuelta por el mundillo de los emuladores y dedícale un rato a cada uno de ellos. Representan las bases del shoot’em up; la necesaria evolución del mata-marcianos en dos fantásticas entregas con importantes diferencias. Marcaron el devenir del género, así que, como mínimo, hay que arrodillarse ante ellos.

Presente en el 100% de máquinas clónicas que incluían pistola. Duck Hunt es seguramente el que más veces hace exclamar “¡a ese jugaba yo!” cuando aparece en una conversación. Su incidencia fue tal que el perro que se partía de risa cuando fallábamos, acompañado de un pato (que debió esquivar su fatal destino en su día), forman el Duck Hunt Duo, personaje/s jugable/s del más reciente Super Smash Bros para 3DS y WiiU. También vale la pena mencionar Hogan’s Alley (podéis ver un gameplay aquí) y Wild Gunman (idem), que completaban un divertido trío con el que poner a prueba nuestra puntería.

Me dejo muchos en el tintero (Ice Climber, Donkey Kong, Pinball, Dynablaster, Popeye, Baseball…) pero debemos dejar paso a la portátil “de bolsillo” de Nintendo. La fantástica Game Boy tuvo el relativo honor de reproducir en sus circuitos otros tantos de estos cartuchos, más piratas que Barbanegra. Estos son algunos de los más comunes.

Lejos de hacer un complicado port (hablamos de los comienzos mismos de la vida de la portátil), Nintendo decidió inventarse Supèr Mario Land, una versión diferente y adaptada a las circunstancias. Un derroche de calidad y un golpe sobre la mesa por parte de Nintendo. Cómo no iba a ser, por lo tanto, pasto de 99999 en 1.

Sobran los comentarios.

Debo reconocer que aún me echo una partidita de vez en cuando. Dr. Mario es sencillo, adictivo y exigente en sus configuraciones más difíciles. Evidentemente hacerle sombra al de más arriba es prácticamente imposible, pero los buenos intentos, bienvenidos sean.

Motocross Maniacs. No pronuncies el título; simplemente enséñaselo a alguien y verás como vuelve a su niñez envuelto en una nube de recuerdos. Si no fuera por este y otros del mismo palo, hoy no tendríamos algo tan divertido como la saga Trials. Motos con las reglas de la simulación olvidadas en boxes. Rampas, loopings, nitros y un cronómetro que corre cosa mala. La música, como era común en la época, bien clavada en la memoria.

Llevo muchos años haciéndome esta pregunta. ¿Por qué solía incluirse Pitman? ¿De dónde demonios sacaron este juego? No es como los demás; no ocupaba portadas de revistas. No estaba en boca de nadie y, aún así, ahí estaba. También conocido como Catrap en Norteamérica, se trata de un juego de puzles (aunque cualquier pantallazo puede hacer que lo confundamos con un plataformas) con alma de cooperativo, pero diseñado para un solo jugador. Raro, pero bueno.

Arkanoid creó escuela, y Alleyway era una simple y bastante monótona versión del clásico de Taito. Le faltaban alicientes en cantidades, pero eso no evitó que apareciera cual champiñón por cualquier multi-juegos que cayera en mis manos.

World Bowling. Simple y llanamente, un juego bolos. Ideal para retar al amigo de turno a superar tu puntuación.

El juego de empujar las cajitas, Boxxle, que venía bajo el nombre original de Sokoban. De pequeño me parecía infernalmente difícil. Ahora me lo sigue pareciendo, pero desde la experiencia de muchos años de chocarme contra la misma pared hasta hacerme un chichón. Juego para gente tranquila y paciente. Por eso me interesaba más Mortal Kombat.

Bendito sea este juego, predecesor de Mario Tennis y toda su saga. Un deporte que por entonces invitaba a la simulación, llevado a su mínima expresión y máximo entretenimiento por la gracia de Nintendo. Tennis es jugabilidad pura. Una gozada.

¡En fin! Podría seguir durante un buen rato, pero tengo que obligarme a parar aquí. Dejaremos para otra ocasión algunos juegos omnipresentes como Penguin Land o alguno de los diversos Spiderman o Tortugas Ninja, que solían aparecer como reclamo en la pegatina. Por cierto, si aún conservas algún cartucho de este tipo, ¡me encantaría verlo! Deja un comentario y comparte esa maravilla que atesoras en algún rincón de tu casa.

Deja una respuesta