Please, Don’t Touch Anything (Oculus Rift / Gear VR)

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Nos encontramos en una pequeña sala, frente a una gran mesa con un solo botón rojo. Alguien nos pide que cubramos su puesto mientras va al baño, dejándonos con una sencilla instrucción: por favor, no toques nada. Así empieza una de las experiencias más bizarras y originales que recuerdo y que ha conseguido atraparme durante horas y horas entre sus paredes virtuales. Una adaptación vitaminada de la edición original para IOS, Android y PC que supone una transformación y ampliación considerables de aquel, llevando el concepto a las posibilidades inmersivas y jugables que ofrece la realidad virtual. Eso sí, en esta nueva versión, la mesa es solo una parte de la habitación donde nos encontramos y los puzles se resuelven aprovechando información, elementos y secretos repartidos a nuestro alrededor. Es muy posible que, nada más empezar la partida, nos encontremos algo perdidos; pero esto no es necesariamente algo negativo. Desde el primer instante también nos sentimos invitados, no solo a pulsar el dichoso botón rojo, sino a tocar todo lo que queda a nuestro alcance, en busca de cualquier indicio que nos permita acceder a uno de los más de treinta finales escondidos tras los intrincados y sesudos enigmas de este Please, Don’t Touch Anything, de Bulkypix para Oculus Rift y Samsung Gear VR.

Please Don't Touch Anything

Quien haya participado alguna vez en una escape room encontrará inmediatamente ciertas similitudes en las mecánicas. Huelga decir que pulsar el botón rojo solo desencadena nuevas opciones que nos irán abriendo nuevos caminos. Prácticamente todo cuanto nos rodea puede servir para algo en un momento dado, aunque esto al principio pueda resultar abrumador. Símbolos, combinaciones numéricas, luces y un larguísimo etcétera son el lenguaje del juego, que debemos traducir a base de lógica, pero también pensamiento lateral e imaginación en cantidades. Encontrar elementos cruciales para puzles que ni siquiera hemos descubierto aún es un pilar base en el título; lo que nos obliga a memorizar (o apuntar en un papel, aunque, con el casco de realidad virtual puesto, este «truco» resulta algo tedioso) algunas claves o lugares donde hemos encontrado algo que creemos útil. Y es que la habitación está plagada de objetos, algunos a la vista y otros que solamente se activan al realizar ciertas acciones, incluso reutilizando los mismos elementos que hemos usado para otras soluciones, de una forma algo diferente.

Please Don't Touch Anything

Dos puntos de vista pueden dar un resultado completamente inesperado, por lo que es conveniente probar absolutamente todo lo que nos pase por la cabeza. Para ello, únicamente contamos con nuestra silla giratoria y un único botón de acción, con el que interactuamos con aquello que estemos mirando. Para complicar aún más las cosas, el estudio ha decidido privar al jugador de cualquier indicador en pantalla, por lo que no sabremos si un elemento del escenario es interactivo hasta que pulsemos acción sobre él. Esto dificulta en gran medida las cosas, pero añade un extra de emoción y sensación de descubrimiento cuando pulsamos sobre un objeto sensible de ser utilizado. Aunque, en muchas ocasiones, la solución estará delante de nuestras narices y solo será necesario observar e interpretar correctamente lo que vemos. Que no se asuste nadie: no es un examen de coeficiente intelectual, aunque si lo que buscas es matar alienígenas con un bazooka, busca en otra parte. Con todo, sigue siendo un juego y, de hecho, uno que funciona muy bien en realidad virtual. Es más, no me importaría que otros títulos como el magnífico The Room tuvieran una adaptación similar. Es un género que funciona extraordinariamente bien desde «dentro».

Please Don't Touch Anything

Para poder exponer la gran mayoría de los puntos fuertes del juego, tendría que arrojar unos cuantos «spoilers» ya que la totalidad del juego se basa en solucionar puzles. Por tanto, solo puedo decir que me parece una experiencia extraordinariamente satisfactoria cuando avanzamos pero también frustrante, ya que, en algún momento, nos quedaremos bloqueados (muy bloqueados) y el hecho de tener que repetir una y otra vez algunas acciones (con códigos que teclearemos hasta la saciedad) puede hacerse pesado. Aparte, su dificultad es elevada, por lo que dudo horrores que alguien sea capaz de resolver todos los puzles sin utilizar un elevado número de horas en explorar cada opción o, directamente, mirar una guía. Recordar cómo se accede a algunos paneles o reconocer si algún final contiene una pista oculta, imprescindible para llegar a un final diferente, sin ningún tipo de ayuda, se me antoja un pequeño infierno sin recurrir a alguna pequeña trampa, pero, con todo, merece la pena enfrentarse desde el desconocimiento total al juego y dejar las guías para algún momento de desesperación y atasco absolutos.

Please Don't Touch Anything

Afortunadamente, cuando llegamos a uno de los finales, podemos disfrutar de un breve espectáculo puramente retro, y es que el estilo visual del juego original se respeta plenamente, a pesar del paso a las tres dimensiones. Estos momentos nos recompensan por el esfuerzo cerebral y nos empujan a seguir adelante, máxime cuando encontramos alguno especialmente revelador. Exhibe sin tapujos ese peculiar estilo audiovisual tan presente en el indie moderno que tanto nos gusta a algunos (pixelazo y tono ochentero); se masca en el ambiente y no son pocos los guiños a otros títulos y obras, incluso fuera del mundo de los videojuegos. Se convierte, por momentos, en un escaparate de huevos de pascua y humor para geeks.

No esperes, eso sí, una maravilla tecnológica de gráficos hiperrealistas. No es su objetivo. Utiliza la realidad virtual como una expansión de su propia naturaleza. ¿Funcionaría fuera del casco, como un FPS normal jugado en una pantalla de toda la vida? Por supuesto, podría jugarse así, pero, de alguna manera, el hecho de «estar ahí» y que todo vaya apareciendo literalmente a nuestro alrededor le aporta mucho encanto. Además, toda la acción se desarrolla sin movernos de la silla, por lo que resulta una experiencia tremendamente cómoda y muchos de los finales nos brindan situaciones únicas dentro del visor. Es cierto que algunas soluciones son exactas a las de su predecesor, pero hay cambios y novedades suficientes como para volver a ponernos delante del botón rojo incluso si ya hemos resuelto la edición bidimensional. Eso sí, más te vale contar con una silla giratoria. Ah, y cuidado con el cable.

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