Psycho Pinball: ambición y calidad en 16 bits

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Desde los tiempos de los primeros sistemas caseros de entretenimiento (micro-ordenadores personales y consolas de primera hornada), ya hace varias décadas, se ha intentado una y mil veces llevar la diversión que proporcionan las clásicas máquinas de pinball a todo sistema de entretenimiento digital habido y por haber. El género de los vídeo-pinball cuenta con un catálogo muy prolífico (teniendo en cuenta que hablamos de una forma de entretenimiento con un público minoritario) donde han tenido cabida desde las adaptaciones más fieles al concepto original hasta las reimaginaciones más locas y fantásticas que podamos soñar. Por supuesto, dada la dificultad de traducir físicas reales y elementos electro-mecánicos en un formato tan complicado como es el código de programación, no son tantos los juegos que han conseguido ofrecer una buena adaptación al videojuego como tal.  Los pinballs son auténticas obras de ingeniería que requieren mucho trabajo y amor por estas complejas máquinas y aquellos productos menos mimados adolecen de problemas que arruinan por completo una experiencia que exige precisión absoluta. Puedo recordar infinidad de títulos donde la dificultad de la mesa en sí resulta ser el menor de los retos, en comparación con un control torpe, unas físicas demasiado artificiales o un diseño descuidado. Eso sí, pese a que abundan los títulos que se quedan a medio camino, también es cierto que podemos disfrutar de un buen puñado de simuladores y arcades de pinball de gran nivel, tanto en lo técnico como en lo jugable (ambos estrechamente ligados en este mundillo), que demuestran que hay formas de hacerlo bien, sin siquiera importar la potencia de la máquina donde corre el juego. En el año 94, cuando ya existían buenas muestras de calidad dentro del género, como Pinball Fantasies de Digital Illusions, llegó Codemasters con su Psycho Pinball, y le dio una vuelta de tuerca y de calidad a todo lo visto hasta el momento.

Psycho Pinball

Por aquel entonces, siempre que jugaba a un vídeo-pinball, no podía evitar pensar que estaba ante una experiencia irremediablemente cutre y muy inferior a lo que había podido ver en aquellas enormes máquinas, en bares y salones recreativos. Aunque, lógicamente, era prácticamente imposible ver una adaptación verdaderamente cercana a lo que ofrecían las máquinas, cometía el error (cosas de niños) de fijarme en exceso en ciertos aspectos más relacionados con el año de fabricación de las mesas que con la calidad general de los mismas. Para mí, la importancia de una buena pantalla mostrando puntuación, animaciones y demás era muy elevada; pero claro, allá por los noventa, todo lo que veía, cuanto más se pareciera a un videojuego, mejor. Nada parecía satisfacer mi hambre por un buen pinball virtual. Sin embargo, llegó a mis manos un juego que no solo venía a darme con una cuchara bien grande lo que estaba reclamando como adolescente ávido de gráficazos, sonidos digitalizados y demás estímulos audiovisuales, sino que resultó ser un verdadero juegazo al que aún recurro hoy día (muy a menudo) para darme un gustazo retro. Incluso en estos tiempos donde Pinball FX o The Pinball Arcade hacen las delicias de los seguidores del género, siempre encuentro una razón para echar una partida a Psycho Pinball, y es que se lo tiene ganado.

Psycho Pinball

Principalmente, siempre me mueve el hecho de que el control y las físicas funcionan correctamente; lo que es un buen comienzo. Lo hacían en Mega Drive, lo hacían en MS-DOS y lo siguen haciendo hoy en cualquiera de ellos, pese a los años que han pasado. Las cuatro mesas disponibles tienen un fantástico diseño, muestran unos sprites grandes, buenas animaciones, una banda sonora atractiva y, qué demonios, es muy. muy divertido y adictivo. Pero lo que en su día destrozó mi mente (y aún me provoca una leve sonrisa cuando juego) fue el hecho de que una de las cuatro mesas disponibles, «Psycho», era en realidad un portal a todas las demás. Cumpliendo algunos objetivos, abríamos el camino que nos llevaba a una de estas otras mesas, donde teníamos la oportunidad de rebañar una buena cantidad de puntos antes de volver a la principal, para continuar haciendo lo propio. Una mesa que nos permitía jugar otras tres durante la partida, además de ofrecer retos de sobra por sí misma. Una idea fantástica, única y perfectamente implementada. Es cierto que otros juegos de este tipo ya habían ofrecido pequeñas fases de bonus o jefes finales a derrotar (muy común entre los más fantásticos), pero Psycho Pinball permitía navegar entre mesas completas continuamente y era algo enormemente innovador y muy atractivo.

Psycho Pinball

Por supuesto, podíamos optar por jugar directamente en The Abyss (temática sub-oceánica), Trick or Treat (terror al más puro estilo Halloween) o Wild West (una del oeste) y todas ellas desbordaban calidad por sí solas. Pero Psycho, esa enorme mesa ambientada en un parque temático (de nuevo, genial concepto porque da sentido al viaje a otras mesas y estilos), era la que ofrecía la experiencia más completa. En mi opinión, hasta la llegada de la serie Pro Pinball (que ahora se encuentra en pleno proceso de adaptación a los tiempos que corren), no hubo competidores que le hicieran la más mínima sombra. En cualquiera de sus dos versiones (con pequeñas diferencias como los niveles de bonificación a lo «videojuego normal», exclusivos en Mega Drive), puedo poner la mano en el fuego cuando digo que Psycho Pinball tomó una delantera que nadie consiguió alcanzar hasta pasados unos cuantos años, al menos como modelo de pinball realista (lógicamente, no es comparable a un título como Kirby’s Pinball Land).

Psycho Pinball

Con todo, me hubiera gustado ver una reedición que solucionara algunos defectos, como esa cámara que se vuelve loca en pleno multi-ball. Igualmente, si tuviera que quedarme con una versión, sería la aparecida para PC, simplemente porque sustituyeron los anticlimáticos mini-juegos (una innecesaria rotura de ritmo) por nuevos video-modes. Un acierto de corrección que no me importaría haber visto reflejada en una versión mejorada para la 16 bits de SEGA. Aún así, hablamos de dos versiones muy parejas e igualmente sensacionales. Así que, tanto si eres un fanático de los pinball y desconocías esta pequeña maravilla, como si quieres ver de qué eran capaces algunas compañías cuando se enfrentaban a un reto de este calibre, no lo dudes: Psycho Pinball vale tu tiempo.

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