[Review] «Tower 57» y los clásicos arcades de 16 bits

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Los juegos de acción a la antigua usanza están de moda. Tïtulos como Nuclear Throne o Binding of Isaac, aprovechando el tirón de la generación aleatoria de niveles, han demostrado que existe un mercado para este tipo de juegos. Y es más, han puesto sobre la mesa un subgénero de la acción, el llamado «twin stick shooter», en el que debemos recorrer uno a uno sucesivos niveles con una perspectiva cenital eliminando a todos los enemigos que nos encontramos, controlando a nuestro personaje con el stick izquierdo y apuntando con el derecho. Dentro de este subgénero nos llega ahora este Tower 57, del nuevo estudio Pixwerk, quienes citan como principal influencia el videojuego The chaos engine de los legendarios Bitmap Brothers. Ahí es nada.

El espíritu de los juegos del Amiga como Chaos Engine y Alien Breed está presente en Tower 57.

Tower 57 intenta destacar por encima de los demás juegos de su género en dos aspectos interesantes. Lo más llamativo es que no existe generación aleatoria de niveles: éstos tendrán siempre la misma estructura y los items tendrán siempre la misma localización. En estos juegos suele ser característico esta aleatoriedad, para favorecer la rejugabilidad y plantear al jugador un reto diferente en cada partida. En Tower 57, lejos de ser un inconveniente, permite una estructura de niveles más atractiva y más pensada. Cuando rejugamos una y otra vez los niveles (porque moriremos a menudo, tenedlo claro), nos iremos aprendiendo los niveles, iremos descubriendo áreas ocultas, rutas alternativas y diferentes estrategias para acabar con los enemigos y perder menos salud. Por si lo dudabais, no: no hay regeneración de salud.

Destruir todo lo que se mueva (y el escenario) es la máxima de Tower 57.

Esto permite también diseñar los niveles en torno a una historia: la de un mundo distópico («dieselpunk» según los creadores) en el que la civilización vive ahora en torno a las Megatorres, quienes concentran todo el poder. Unos pocos elegidos serán los encargados de infiltrarse (no de manera sigilosa) en la torre 57 para desentrañar sus secretos. De entre estos elegidos, podremos elegir a tres personajes, que harán las veces de las 3 vidas de las que dispondremos. Cada uno de ellos tienen armas y habilidades diferentes, con lo que podremos probarlos para encontrar los que más nos gusten.

Tenemos 6 personajes de donde elegir. En la imagen, uno inspirado claramente en Abraham Lincoln. ¿Alguien quiere masacrar enemigos junto al presidente?

Empezamos nuestra aventura en el mapa principal, una especie de «hub» desde donde accederemos a los distintos niveles (o mazmorras). En el mapa podemos aprender más sobre la historia del juego, hablar con personajes, entrar en tiendas y comprar armamento y equipamiento. Aquí es donde el diseño artístico del juego luce más: el diseño de la ciudad, sus calles con pasos de cebra, viandantes, bares… todo es muy vivo y dan ganas de entrar a todos sitios para interactuar.

En este bar cada uno está a lo suyo: bebiendo, sirviendo o jugando al futbolín.

La jugabilidad en las mazmorras es la que podríamos esperar en un juego de este tipo: acción rápida y desenfrenada, mientras avanzamos y eliminamos a todo lo que se mueve. Y también lo que no, porque parte de los escenarios son destructibles. De toda esta destrucción obtendremos monedas, que podremos utilizar en las tiendas. Tenemos una barra de salud roja y una barra azul que se va rellenando según eliminemos enemigos con cualquiera de las cuatro armas que podemos llevar (podremos utilizar una motosierra!); o con armas especiales que podemos recoger por el camino. Cuando esta barra azul esté llena, podremos lanzar un ataque especial que acabará con todos los enemigos de la pantalla (cada personaje tiene un ataque distinto). También tenemos el movimiento típico de esquivar.

En la imagen estoy pasándolo mal: tengo poca salud y la torreta de la derecha dispara siempre en mi dirección. Toca esquivar sin parar.

Todo esto ya aporta suficiente variedad, pero el juego va un paso más allá, y éste es el segundo aspecto interesante: los enemigos también pueden mutilarnos, por ejemplo, dejarnos sin piernas, o sin brazos. En este caso seguiremos vivos, pero nos arrastraremos por el escenario sin las extremidades que nos hayan arrancado, pero con los efectos que esto conlleve: si no tenemos piernas, iremos más lento, y si no tenemos brazos, no podremos disparar.

En la imagen, no tengo piernas y además estoy dejando el suelo perdido de sangre. Menos mal que más adelante está la solución.

La razón de esto es que, a lo largo del mapa, existen puntos donde podemos reponer nuestras extremidades con partes mecánicas, por ejemplo, piernas biónicas. Además podemos mejorar nuestros brazos y piernas: por ejemplo, para andar más rápido o para mejorar la cadencia de disparo. En general, cuando adquirimos partes mecánicas, nuestro personaje sale ganando. Es decir, si nos atacan, no todo está perdido; es más, el juego puede volverse más divertido incluso.

Podría mejorar mi brazo para aumentar la capacidad de disparo, pero lo mejor es reparar mis piernas.

El juego puede definirse como una mezcla entre «Chaos engine» y los actuales juegos de disparos en 2D. Los mapas son lo suficientemente amplios e intrincados como para que necesitemos más de una pasada para descubrir todos los secretos. La variedad está garantizada: visitaremos estaciones de tren, sótanos, baños termales, incluso selvas con dinosaurios. Podemos guardar la partida; eso sí, las vidas también se salvan, y si un personaje muere, no podremos volver a controlarlo. Salvo que en el juego, encontremos una manera de resucitarlo (un personaje que encontraremos, nos permitirá hacerlo).

Mención especial hay que hacer a la música. Acompaña perfectamente al juego y a nuestras partidas, y nos mete enseguida en la situación de tener que disparar sin parar. Le da personalidad al juego.

Este tentáculo es duro de roer.

Con todo, Tower 57 tiene todos los elementos necesarios para que le dediquemos un buen número de horas hasta que lo terminemos, solo o en compañía, de forma local u online. Podemos incluso jugar online con un desconocido, opción que no he podido probar por falta de emparejamiento (actualizaré este artículo en caso de poder hacerlo).

Si lo tuyo es este género, o la acción 2D en particular, o tienes buenos recuerdos de los arcades del Amiga / Atari, tienes que probar este juego. Ciertamente recuerda a aquellos juegos donde lo importante eran los reflejos y disparar. En solitario es muy divertido, pero en compañía lo es más.

 

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